Según datos de la ONU, México es el principal consumidor per cápita de agua embotellada en todo el mundo, con alrededor de 273 litros al año. Esta práctica aparentemente inofensiva esconde altos costos ambientales. Según Alfonso Escalante Bush – director de agua óptica- producir una sola botella de un litro, son necesarios entre tres y siete litros en el proceso de fabricación del envase. Para un país con alto estrés hídrico, beber agua embotellada se convierte, paradójicamente, en una de las formas más rápidas para acabar con las reservas. La preferencia de los mexicanos por el agua embotellada es un reflejo de la desconfianza hacia el agua que fluye por la red pública. Por lo anterior, Alfonso pone en la mira la mejora y mantenimiento de las plantas purificadoras, reducir la producción de agua embotellada y la alianza empresarial como solución ante este derroche invisible de agua potable. Además de contribuir a la sostenibilidad ambiental, los sistemas de purificación en el punto de uso aseguran la salud y productividad de los colaboradores al proporcionar acceso ilimitado a agua purificada de alta calidad. ¡Donde fluye el agua, crece la igualdad!

