Hace 27 años que Juan Isidro Macario no vuelve a ganar un sorteo de la lotería, pero no hay ocasión en que no vuelva a comprar más cachitos. Así que aquí está hoy otra vez, con sus ocho boletos del metafísico sorteo del “valor del avión presidencial”, atento Juan Isidro a los números que los llamados niños gritones van anunciando desde adentro de la sede de la Lotería Nacional, pues alguna experiencia tiene este hombre de 77 años en sorteos y en premios devaluados.

“Tengo años de jugar; una vez tuve suerte, por eso sigo jugando; me saqué el premio mayor en el año 93, pero Salinas de Gortari quitó los ceros del peso y devaluó todo. El premio mayor que me tocó era de 200 millones de pesos, pero quedó en 200 mil pesos”, se acuerda Juan Isidro detrás de su cubrebocas. “A ver si le pego de vuelta. He jugado bastante y nomás ya nada, ya no me dan la lotería. La última vez fue en 1993 y ya de ahí sólo pierdo y pierdo”.

Un centenar de personas se juntó en una carpa afuera de la Lotería Nacional, frente a una pantalla gigante y unas bocinas, para dar seguimiento durante tres horas a la numerología con sus cachitos en la mano.

Cien boletos entre 6 millones emitidos ganarían premios de 20 millones de pesos, pero ninguno estaba aquí. Algunos jugadores vinieron de Hidalgo, el Estado de México y Guanajuato estrictamente a eso: a ver la pantalla en silencio y anotar en trozos de hojas, porque esto se trata de poner atención para no perderse los números invocados. Hasta anoche se sabía que algunos premios los ganaron hospitales y escuelas, no personas.

“Son 100 premios, aún tenemos chance”, murmuraba una mujer cuando salieron los primeros 10 ganadores.

“Sí, ahorita sale, ahorita sale”, rezaba otro joven.

“Así es como engañan al pueblo”, rezongaba un hombre que atravesó el gentío grabando con su celular a los incautos.

Todavía no llegaba a la mitad el sorteo e Ignacio Rodríguez, proveniente de Celaya, ya acusaba fraude, porque los números surgidos del azar no le cuadraban.

“¡Es un fraude! ¿Tantos números 5?”, gritaba tras su cubrebocas amarillo, que tenía impresa la imagen de Andrés Manuel López Obrador. “¡Son chingaderas, por ley de probabilidad eso no se puede!”.

“¡Shhhh!”, lo reprendían. “¡Ya cállese!”.

Ignacio Rodríguez insistía en su teoría: “¡López Obrador es honesto, pero los de la Lotería manipularon!”. Se regresó a Celaya con las manos vacías.

Cada cachito costó 500 pesos. La Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y el director de la Lotería Nacional, Ernesto Prieto, compararon este sorteo con el episodio en que la población regaló al gobierno de Lázaro Cárdenas sus pertenencias –sus gallinas y sus anillos de matrimonio, precisó la ministra en retiro– para contribuir al pago de indemnizaciones a las petroleras expropiadas.

“La Lotería Nacional siempre ha estado cerca de la gente que menos tiene, pero, también, la gente que menos tiene está ahora con nosotros”, dijo Prieto. “No quiero hacer comparaciones, pero esto me recuerda a los años 30, que la gente iba a apoyar para lograr una transformación”.

Proveniente de Iztapalapa, René Valdez Becerril presume cinco cachitos en los que gastó 2 mil 500 pesos, aunque asegura que no los compró por los premios, sino para apoyar al sector salud (el gobierno aseguró que compraría equipo médico con los ingresos de la venta). René saca los boletos de una bolsa de nailon donde los escondió para cuidarlos de “los rateros”, que él ver por doquier, pero especialmente entre los priistas y los perredistas, dice.

“Los compré para ayudar a la sociedad y no ser como los partidos tan gachos. Ahorita es el momento de cambiar el país. Este boleto no es para mí, es para beneficio de la salud del ser humano, que tanto han estafado los pinches políticos. Esto es para ayudar a la comunidad, a la salud y al gobierno, que el gobierno no es López Obrador, es todo el pueblo”, sostiene el hombre de 48 años.

–¿Y no le molesta que el avión presidencial no se ha rifado y sigue guardado?

–¡Es una ganancia extra! –replica–. No se está rifando, pero el día que se venda, será una ganancia extra para el país, no nos hagamos.

La reunión de estos jugadores afuera de la Lotería Nacional comenzó a vaciarse conforme se perdieron las esperanzas.

El gesto de un hombre sonriente, aun detrás de su cubrebocas, contrastaba entre tantas miradas serias. Era Jesús García Macedo, un expendedor que desde hace 43 años vende billetes de lotería; por cada boleto del sorteo “del avión”, la Lotería Nacional le pagó el 10% de comisión, y él se quedó sin un solo cachito.

“He vendido como 40 premios mayores en mis 43 años que llevo en esto. He hecho a muchas familias millonarias, he sacado de la ruina a muchos empresarios que estaban quebrados y, sacándose la lotería, recuperaron sus negocios, y esos empresarios a su vez han ayudado a otra gente dándole trabajo”, razona.

Cerca de la Lotería Nacional, en la Avenida Juárez, una comerciante de accesorios típicos del Mes Patrio decidió introducir un nuevo producto que destaca entre los sombreros, las matracas, los bigotes charros y los paliacates: aviones a escala de plástico que emulan al Boeing 787 Dreamliner, a un precio de 50 pesos.

–¿Por qué ofrece aviones aquí en su negocio?

–Es lo que se está vendiendo ahorita –justifica la comerciante, quizá sin saber que el gobierno ha intentado vender su propio avión desde hace 21 meses, sin éxito.

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