Cedral. – A los 2.70 metros de profundidad, el árido suelo se convierte en una pecera petrificada, donde se acumulan conchas de micromoluscos de un antiguo lago.

Los micromoluscos, son excelentes indicadores de paleoambientes; se analizaron 263 ejemplares que confirman la riqueza paleontológica de Cedral, S.L.P.

 

El sitio de la colecta fue el nombrado Rancho Córdoba, donde exploraciones arqueológicas llevadas a cabo en 2016, recuperaron osamentas de fauna del Pleistoceno Tardío, (la época geológica cuando aparece el humano moderno y suceden las glaciaciones: la Era de Hielo), posiblemente restos de mamut, asociadas con herramientas de lítica y gran cantidad de micromoluscos de agua dulce y terrestre.

 

Rancho Córdoba se localiza en el municipio de Cedral, San Luis Potosí, en el camino a Real de Catorce. Es una región con varios yacimientos fosilíferos pleistocénicos, debido a que en el pasado fue un lugar de abundantes manantiales que esporádicamente formaban una laguna, sustentando una vegetación distinta a la actual, de acuerdo con lo determinado, mediante intensas investigaciones del INAH, realizadas desde 1977.

 

Entre ellos destaca de manera especial Rancho La Amapola, ubicado sobre el borde norte del poblado Cedral. Emblemático para los estudios de los primeros pobladores del continente americano a nivel nacional, pues es de los pocos sitios que conserva evidencias arqueológico-paleontológicas y corresponde al tiempo de transición entre las épocas Pleistoceno-Holoceno, con restos de actividad humana: una verdadera joya de conocimiento para los prehistoriadores.

 

La arqueozoóloga del INAH, destaca que en Cedral se han obtenido fechamientos importantes. Las etapas más recientes corresponden a las capas más secas y conforme bajan los estratos de tierra, se encuentran las conchas de especies de moluscos que habitan en lagos, así como otros terrestres que viven cerca de fuentes de agua; “es evidente cómo cambia la fauna malacológica conforme se va llegando a las capas más profundas”, dice Valentín.

 

Cedral es una ventana muy clara al Pleistoceno Terminal: en el sitio, el INAH ha podido realizar estudios de polen para determinar sus tipos de superficies; obtuvo uno de los registros más amplios de aves que se tiene para dicha época, y en sus escenarios paleontológicos se ha hallado gran diversidad de mastofauna, también estudiada, además de evidencias humanas de 31 mil años. Y ha sido fuente de estudio para las nuevas generaciones. Por todo eso se considera parteaguas en el desarrollo de la paleontología y la prehistoria en México: una gran ventana para conocer quiénes fueron los primeros pobladores.

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