“Antes era seguro el salir a la tienda por unas frituras para poder disfrutar de una película en la comodidad de mi cama, ahora por el simple hecho de ser mujer, temo por mi seguridad hasta para ir a la escuela”.  Estas son las palabras de una joven adolecente de apenas 17 años, a la cual tuvimos la oportunidad de entrevistas cerca del lugar donde por desgracia se registró el asesinato de una joven.

Nayhelli nos comenta: “Es algo impresionante, al ver la noticia de la tragedia me quede en blanco, pensando en que tal esa pude haber sido yo, por el motivo de que acostumbro salir tarde a la calle ya sea solo para distraer o comprar algo, con este caso ya me da preocupación el hecho de que tengo que ir a la escuela y debido al horario que se oscurece más temprano temo por mi seguridad”.

A esto nos ha empujado el fuerte caso de los feminicidios, donde por desgracia nuestro estado es uno de los que se encuentra en los más altos índices en casos de mujeres violentadas, sin que aun haya alguien que diga: ¡Ya Basta!.

Coincidimos con un caso triste y sorpréndete, ya que causa impresión que pase ese tipo de temas en Matehuala, siendo un lugar tan pequeño, a comparación de las grandes ciudades que se encuentran a nuestro alrededor.

Karina, joven universitaria de veintidós años, la cual radica en una de las colonias conflictivas platicó acerca de su fea experiencia, “Todo iba de maravilla en mi día, de echo rara vez me pasaba, pero me levante como un día normal, fui a la escuela, donde como siempre, entregue mis trabajos, me la pase bien con mis compañeros y todo normal, el problema surgió al salir de mi casa, como me entretuve con mis amigas se me paso el farolito, no puse cuidado, estaba siendo un día muy positivo y productivo, pensé, estaría padre caminar a casa mientras disfruto del recorrido escuchando música con mis audífonos, seguí caminando, como es natural, docenas de miradas te acosan, pero ya me parecía algo normal, es por eso que me ponía mis audífonos para evitar escuchar comentarios cerdos, de señores volados, lo cual me llena de rabia aun, el caso, cuando atravesé un lote baldío donde yo acostumbraba pasar cuando iba para mi casa, logre ver a pocos metros frente de mi a un tipo de aspecto un tanto delgado y con una cara pálida, vestimenta de ropa que acostumbran usar los “cholos”, al verlo no pensé las cosas bien y decidí pasar cerca del ya que estaba casi en medio de la verdad, yo con la esperanza de que tal solo estaba esperando a alguien y no me molestaría, se me hacen eternos los segundos para ya salir de ahí cuando por fin paso rente al sujeto, de pronto siento un fuerte estirón, me estiro la mochila tan fuete que caí de espaldas, al instante se me enésimo tocando y tarando de romperme la camisa, este la desesperación y angustia se me hacía imposible gritar, más tire aún es que era en plena luz del día, no supe cómo le di una patada la cual creo lo sofoco y son darle tiempo a nada corrí lo más rápido que pude dejando en el lugar mi mochila y las pertenencia que traía en ella, desde entonces no vuelvo a caminar mucho menos sola al momento les platique a mis papa a  lo cual procedieron rápidamente pero el maldito tipo ya no estaba, solo mis cosas, del miedo solo recuerdo ese olor desagradable a alcohol, y desearía recordar bien su cara para que pague lo que me trato de hacer y no haya alguna víctima más”. Concluyó.

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